El fallido experimento de la civilización

Post El fallido intento de civilizacionEnero de 2013. Quinto año después del colapso. Entender lo que sucede es difícil cuando uno es humano. Hay demasiadas ideologías, creencias, etiquetas. Puede entenderse como un problema económico, como un problema político o incluso como un problema moral. ¿Qué está pasando? Pero la respuesta sólo se encuentra volando por encima de lo que somos y viendo nuestro mundo como un pequeño sistema físico.

Todos los sistemas físicos se rigen siguiendo las leyes de la termodinámica. La primera establece que, una vez definido un sistema, la energía total de dicho sistema permanece constante. Nuestro sistema es el planeta tierra. La energía que hay en él permanece constante. Cuando enciendo la vitrocerámica, 1 Julio de energía eléctrica se transforma en 1 Julio de calor, del que parte se usa creando nuevos enlaces químicos en la comida (cocinando, vamos), y la gran parte se disipa, es decir, calienta un poco la cocina.

Pero hay una segunda ley. La ley de la entropía, quizás la más difícil de entender. Esta ley viene a decir que no existe ningún motor que sea capaz de transformar íntegramente todo el calor en trabajo[1]. En otras palabras, si bien la energía de la tierra se limita a la que existe en el planeta (en forma de calor del manto, fuentes fósiles, minerales radiactivos, saltos de agua, etc) resulta que podemos transformar TODA la electricidad en calor, pero no todo el calor en electricidad.

Todas las energías son iguales, pero unas energías son más iguales que otras.[2]

Así pues, unas energías son más útiles que otras. Una vez quemado el litro de gasolina, quizás una de las más útiles formas de energía, no es posible reciclar todo otra vez en un litro de gasolina sin gastar MUCHO MÁS que lo que obtuvimos cuando la quemamos. El mundo es asimétrico, el tiempo, pasa siempre hacia adelante. La entropía tiene la culpa.

Veamos pues a la humanidad, y la civilización, como una máquina más. Un proceso termodinámico. Toma energía y realiza con ella un trabajo. Este trabajo son carreteras, ordenadores y campos de trigo. Pero trabajo al fin y al cabo.

El planeta tierra suministra dicha energía en forma de energía interna: todos los recursos fósiles. Esta no es renovable. Cuando se acabe se acabó. También tiene energía externa: La que aporta el sol. Esta última no ha cambiado mucho en los últimos milenios.

El llamado progreso de la civilización es, simplemente, el paso de usar fuentes de energía renovables provenientes del sol, en forma de caza, pesca y recolección, quema de madera, agricultura y ganadería primitivas, a usar fuentes de energías internas del planeta, mucho más “concentradas”. Carbón, petróleo, uranio. Todo sistema físico en presencia de un exceso de energía útil tiene comportamientos extraños. La humanidad no iba a ser una excepción.

Todo el trabajo que está haciendo la humanidad con las fuentes de energías concentradas es no conservativo. Se utiliza, embebido en una cultura de la producción cuyo único objetivo es producir más. A la cultura productiva se une la económica: es necesario producir más para crecer, ya que sólo con crecimiento se puede obtener interés de un capital dado. Si pensamos en el capital como una forma de utilizar energía, el que meter un cierto capital en un depósito produzca más capital, es como saber que existe una tecnología que, gastando un julio de energía, produce un julio con diez. ¿Cómo es posible esto sin violar las leyes de la termodinámica? Temporalmente, mientras se descubran otras fuentes de energía, es posible. ¿Y para cuanto tiempo?

¿Para cuánto? Esta es la pregunta del millón.

También hay que ser consciente que, cuando una sociedad vive cierto tiempo de una forma, tiende a dogmatizar su forma de vida y no darse cuenta de que existen otras formas de vida. Y el dogma conduce pronto a la herejía de quien lo desafía, a la burla, al desprecio del que puede ver más allá del dogma.

Los dogmas de nuestra sociedad, lo he dicho ya muchas veces, son el crecimiento y el progreso. Creemos que la humanidad está destinada a ser algo, a mejorar perpetuamente, a progresar siempre, a crecer económica y numéricamente siempre. No hay que ser científico para darse cuenta de lo ficticio de ello. El planeta es finito, y sus recursos también. Además, hubo periodos de gran decrecimiento. La población de occidente, al menos, decreció considerablemente tras el colapso del imperio romano. Pero creemos que somos un homo sapiens distinto de ellos. Esto es vender humo, es falaz, es un autoengaño.

La crisis actual es la tormenta perfecta de un incremento insostenible de la complejidad de nuestra sociedad, junto con un crecimiento excesivo de la población, un uso excesivo de recursos, una economía financiera alocada, una religiosidad oficiosa que cree en un mundo sin límites físicos ni económicos y unos recursos materiales y energéticos decrecientes. Con altibajos, tomando años, lustros o siglos (quien lo sabrá… yo no) pero el único camino es hacia abajo. Decrecimiento, colapso, reducción, austeridad impuesta, no por los políticos, que no se enteran de nada, sino por el mundo, la física, la naturaleza, los propios átomos.

La interesante aberración de nuestra sociedad actual, que llamamos moderna y desarrollada, ha sido un experimento interesante. ¿Seremos tan afortunados para verla desintegrarse? ¿O tendremos que aguantar un lento declive, con chispazos de supuestos brotes verdes, sin asistir al interesante espectáculo de ver como la religión del progreso, de la singularidad de lo humano, desaparece? ¿Qué sociedad, qué cultura, qué creencias, qué gentes, qué religiones, qué sexualidad, qué economía le sucederá? ¿Será una vuelta al feudalismo, a la caza y recolección, al capitalismo antes de las revoluciones? ¿Cuántos morirán por el camino, cuál es el número de población sostenible del planeta? ¿Qué especies vegetales y animales ocuparán los nichos actualmente ocupados por nosotros? ¿Podremos empequeñecer las ciudades, o habrá simplemente que esperar que las reclamen los agentes geográficos? ¿Se apagará la sociedad actual poco a poco, como un anciano agónico que deja escapar la vida en cada exhalación, o en accidentes súbitos, guerras atroces y grandes calamidades?

Me encantaría dar respuestas a algunas de estas preguntas, pero no lo se querido lector. Sólo se que, para aquellos que, como servidor, han transcendido la cultura en la que viven, y ven lo que se avecina, el futuro se presenta, realmente, muy realmente, fascinante.

Me gustaría verlo, aunque lo dudo. Pero seguro que mis átomos eternos, reorganizados en otra autoconsciencia, lo verán.

Feliz 2013.
__________________
[1] Calor y termodinámica. Zemanski, Mc Graw Hill.
[2] Animal farm. George Orwell. 🙂

visto en enfoque-digital.blogspot.com.es

por Fernando Valdepeñas COG Editor.

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